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Una 'catástrofe': la lucha por frenar el desempleo juvenil que asciende

Redactado por ReData22 de febrero de 2026
Una 'catástrofe': la lucha por frenar el desempleo juvenil que asciende

La sombra del desempleo juvenil se cierne sobre las economías globales como una amenaza persistente, pero para David Okoth, un economista laboral que lidera una iniciativa internacional, la situación actual ha alcanzado niveles de "catástrofe". Okoth, director del Programa Global de Empleo Juvenil, advierte que las tasas de desempleo entre los jóvenes de 15 a 24 años no solo se han recuperado lentamente tras la pandemia, sino que en muchas regiones superan con creces los niveles prepandémicos, creando una generación en riesgo de exclusión económica permanente. Su advertencia llega en un momento en que organismos como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Banco Mundial publican datos alarmantes, señalando que los jóvenes tienen tres veces más probabilidades de estar desempleados que los adultos, una brecha que se ha ampliado en la última década.

El contexto de esta crisis es multifacético. La pandemia de COVID-19 interrumpió masivamente la educación y las oportunidades de empleo de entrada, pero los problemas estructurales subyacentes ya estaban presentes: sistemas educativos desalineados con las demandas del mercado laboral, la rápida automatización que elimina empleos de nivel inicial y la falta generalizada de programas de capacitación y pasantías efectivos. En regiones como el sur de Europa, Oriente Medio y el norte de África, las tasas de desempleo juvenil superan regularmente el 25%, y en algunos países alcanzan el 40% o más. Incluso en economías más robustas, los jóvenes enfrentan una realidad de trabajos precarios, salarios estancados y una creciente competencia en la gig economy.

"Es una catástrofe no solo por las cifras, sino por el costo humano y el potencial desperdiciado", declaró Okoth en una entrevista exclusiva. "Cada joven desempleado o subempleado representa talento sin explotar, innovación perdida y un futuro económico más débil para todos. Estamos viendo los efectos en tiempo real: aumento de la migración económica, malestar social y una profunda desconfianza en las instituciones". Okoth enfatiza que el problema va más allá de la falta de puestos de trabajo; se trata de una falta de "trabajos decentes" que ofrezcan seguridad, perspectivas de carrera y un salario digno. Los datos de la OIT respaldan esta afirmación, mostrando que más del 75% de los jóvenes empleados a nivel mundial trabajan en la economía informal, a menudo sin protección social ni derechos laborales básicos.

La batalla para revertir esta tendencia, según Okoth, requiere una acción coordinada y audaz en múltiples frentes. Su programa aboga por lo que él llama la "Triple A": Acceso (a educación y capacitación de calidad), Alineación (entre las habilidades enseñadas y las demandadas por los empleadores) y Oportunidad (creando entornos propicios para que las empresas, especialmente las pymes, contraten jóvenes). Esto incluye expandir masivamente los aprendizajes basados en el trabajo, subsidiar salarios para primeras contrataciones en sectores estratégicos como la tecnología verde y la atención sanitaria, y reformar los sistemas educativos para priorizar habilidades digitales, socioemocionales y de emprendimiento. "Los gobiernos no pueden hacerlo solos", afirma. "Necesitamos un pacto social donde el sector privado asuma un papel de liderazgo en la capacitación y contratación, y donde la sociedad civil brinde redes de seguridad y apoyo".

El impacto de no actuar es profundo y de largo alcance. Una generación perdida económicamente podría significar una presión insostenible sobre los sistemas de pensiones, un menor crecimiento del PIB a nivel mundial y un ciclo de pobreza que se perpetúa. Además, la frustración económica es un caldo de cultivo conocido para la inestabilidad política. La conclusión de Okoth es clara: abordar el desempleo juvenil no es un gasto, es la inversión más crítica que las sociedades pueden hacer para su propia estabilidad y prosperidad futura. El tiempo para la retórica ha terminado; la era de la implementación audaz y la cooperación público-privada debe comenzar ahora, antes de que la "catástrofe" se convierta en una realidad irreversible para millones.

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