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Policía australiana defiende sus acciones tras violencia en protesta por visita de presidente israelí

Redactado por ReData10 de febrero de 2026
Policía australiana defiende sus acciones tras violencia en protesta por visita de presidente israelí

La policía del estado de Victoria, en Australia, se ha visto obligada a defender sus tácticas después de que una protesta por la visita del presidente israelí, Isaac Herzog, derivara en violentos enfrentamientos y la difusión de videos que muestran a agentes golpeando a manifestantes y arrastrando a hombres que se encontraban rezando. El incidente, ocurrido en Melbourne, ha reavivado el debate sobre la libertad de expresión, el derecho a la protesta pacífica y el uso de la fuerza por parte de las autoridades en un contexto internacionalmente sensible.

La protesta, convocada por grupos pro-palestinos y activistas por los derechos humanos, se congregó frente a un hotel en el centro de Melbourne donde el presidente Herzog se alojaba durante su visita oficial. La visita, centrada en reforzar los lazos bilaterales y conmemorar los 75 años de relaciones diplomáticas, ya era objeto de controversia debido a la actual situación en Gaza y la política del gobierno israelí. Los organizadores de la protesta denunciaron que la presencia de Herzog legitimaba lo que califican como "ocupación y apartheid". Las tensiones aumentaron cuando un grupo de manifestantes intentó romper el cordón de seguridad, lo que provocó la intervención de la Fuerza Policial de Victoria.

Los videos ampliamente compartidos en redes sociales muestran escenas caóticas. En una secuencia, varios agentes, algunos con equipamiento antidisturbios, se ven rodeando a un grupo de manifestantes sentados en el suelo, aparentemente rezando. Los oficiales proceden a agarrar a varios individuos por la ropa y arrastrarlos sobre el asfalto para retirarlos de la zona. En otro clip, un agente aparece propinando varios golpes con el puño a un manifestante que yace en el suelo mientras otros colegas lo sujetan. La policía afirma que estos actos fueron respuestas a "actos de agresión" por parte de algunos manifestantes, quienes habrían lanzado objetos y empujado a los oficiales. Un portavoz policial declaró: "Nuestros oficiales actuaron para proteger la seguridad de todas las personas presentes, incluidos los manifestantes, y para prevenir una alteración mayor del orden público. Se enfrentaron a una situación dinámica y de gran tensión".

Sin embargo, organizaciones como Amnistía Internacional Australia y el Consejo de Derechos Humanos de Victoria han expresado su "grave preocupación". Un portavoz de Amnistía señaló: "El derecho a la protesta pacífica es fundamental en una democracia. Los videos plantean serias preguntas sobre la proporcionalidad del uso de la fuerza. Una investigación independiente y transparente es esencial". El impacto de estos eventos trasciende las fronteras australianas. Dañan la imagen de Australia como un país que respeta los derechos civiles en un momento de alta sensibilidad geopolítica y podrían afectar las relaciones comunitarias dentro de la propia Australia, una nación multicultural con significativas poblaciones judía y musulmana. El primer ministro, Anthony Albanese, ha evitado comentar en detalle sobre los métodos policiales, pero reiteró el derecho a la protesta "pacífica y dentro de la ley".

Este incidente se enmarca en un patrón global de protestas intensificadas relacionadas con el conflicto israelí-palestino y las respuestas policiales a ellas. En Australia, particularmente, ha habido un aumento en la frecuencia y el tamaño de las manifestaciones desde el estallido de la última guerra en Gaza. Las fuerzas policiales se encuentran en la difícil posición de equilibrar la seguridad de las visitas de estado de alto nivel con la protección de las libertades democráticas. La conclusión inevitable es que este episodio dejará una cicatriz. Más allá de la investigación interna que la policía ha prometido, existe una necesidad urgente de un diálogo social sobre los protocolos de gestión de protestas en temas profundamente divisivos. La confianza pública se ha erosionado, y restaurarla requerirá no solo transparencia sobre lo ocurrido en Melbourne, sino también una reflexión sobre cómo las democracias pueden salvaguardar tanto la seguridad como la disidencia en una era de polarización creciente.

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