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Drones asedian la zona clave de oro y petróleo de Sudán: el nuevo frente decisivo

Redactado por ReData25 de febrero de 2026
Drones asedian la zona clave de oro y petróleo de Sudán: el nuevo frente decisivo

La guerra civil en Sudán, que ya cumple más de un año, ha abierto un nuevo y decisivo frente de batalla en el corazón de la economía del país: las regiones ricas en oro y petróleo. Informes de inteligencia y testimonios locales confirman un aumento masivo en el uso de drones armados y de reconocimiento por parte de las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF) y la paramilitar Fuerza de Apoyo Rápido (RSF), que ahora se disputan el control de los recursos naturales que podrían financiar la prolongación del conflicto. Esta escalada tecnológica en una guerra ya brutal marca un punto de inflexión, trasladando la violencia a zonas que hasta ahora habían permanecido relativamente estables pero que son vitales para la supervivencia económica de cualquier futuro gobierno.

El contexto de este nuevo capítulo es desolador. Desde que estallaron los combates en Jartum en abril de 2023 entre el ejército regular, liderado por el general Abdel Fattah al-Burhan, y los paramilitares de la RSF, comandados por el general Mohamed Hamdan Dagalo 'Hemedti', el país ha caído en una crisis humanitaria catastrófica. Miles han muerto, millones se han desplazado y la infraestructura básica está destruida. Sin embargo, el conflicto había estado principalmente concentrado en zonas urbanas y regiones específicas. El reciente desplazamiento de los combates hacia los estados de Kordofán del Sur y del Norte, y especialmente hacia áreas como la localidad de Sinkat y los yacimientos cercanos a la frontera con Chad, revela una estrategia calculada para apoderarse de los activos más valiosos de la nación.

Los datos son elocuentes. Sudán es el tercer productor de oro de África, con una producción anual que antes de la guerra superaba las 90 toneladas, y cuenta con reservas de petróleo significativas, aunque su explotación a gran escala se vio interrumpida tras la secesión de Sudán del Sur en 2011. El control de estas minas y posibles campos de extracción representa un flujo de caja inmediato, ya que el oro puede comercializarse fácilmente en mercados paralelos para comprar armas y pagar a los combatientes. Observadores de Conflict Armament Research (CAR) han documentado cómo ambos bandos han integrado drones comerciales modificados, a menudo de fabricación turca, china o iraní, equipados con artefactos explosivos improvisados o utilizados para vigilancia y corrección de artillería. 'Estamos viendo una militarización acelerada de tecnología accesible', declaró un analista bajo condición de anonimato. 'Los drones no son sofisticados como los de Ucrania, pero son abundantes, baratos y letales en este contexto'.

Las declaraciones de fuentes en el terreno pintan un cuadro aterrador. 'El zumbido es constante, día y noche. Ya no son solo aviones; son estos pequeños aparatos que vuelan bajo, que vigilan y luego, a veces, algo explota', relató por teléfono a este medio un trabajador humanitario que pidió no ser identificado por razones de seguridad. Por su parte, un portavoz de las SAF, el general Nabil Abdallah, afirmó en un comunicado difuso que sus fuerzas 'utilizan todos los medios tecnológicos a su disposición para defender la soberanía nacional y sus recursos de los milicianos saqueadores'. La RSF, por otro lado, ha acusado al ejército de 'lanzar una campaña de exterminio con drones contra comunidades enteras para robar sus tierras y su oro'.

El impacto de esta nueva fase es multidimensional y profundamente preocupante. En primer lugar, agrava la crisis humanitaria, arrastrando a poblaciones rurales y comunidades mineras artesanales a la línea de fuego. En segundo lugar, internacionaliza y prolonga el conflicto, ya que el control de los recursos atrae a actores externos interesados en concesiones mineras o en influencia geopolítica, desde los Emiratos Árabes Unidos y Rusia hasta actores regionales. Finalmente, destruye cualquier perspectiva a corto plazo de una economía viable para Sudán, saqueando el capital natural necesario para una eventual reconstrucción. La comunidad internacional, con la ONU a la cabeza, ha mostrado una incapacidad patente para mediar o imponer un alto al fuego significativo.

En conclusión, la batalla por el oro y el petróleo de Sudán mediante drones no es solo un cambio táctico; es una evolución estratégica que convierte una guerra por el poder en la capital en una guerra por los recursos en la periferia. Este frente pivotante amenaza con enquistar el conflicto de manera permanente, crear economías de guerra autosuficientes para los beligerantes y condenar al pueblo sudanés a una era de inestabilidad y miseria aún más prolongada. La militarización de la tecnología de drones, asequible y efectiva, en este escenario sienta un precedente peligroso para los conflictos africanos del futuro, donde los recursos naturales y las herramientas de guerra accesibles pueden combinarse con efectos devastadores.

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