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Secretario de Comercio de Trump confirma polémica visita a la isla de Epstein

Redactado por ReData10 de febrero de 2026
Secretario de Comercio de Trump confirma polémica visita a la isla de Epstein

En una declaración que promete avivar las llamas de un escándalo que ha perseguido a las élites políticas y financieras durante años, el exsecretario de Comercio de la administración Trump, Wilbur Ross, confirmó este martes que visitó en el pasado la propiedad privada del financiero Jeffrey Epstein en la Isla Little St. James. La confirmación llega en medio de un renovado escrutinio sobre las conexiones de figuras poderosas con el condenado traficante sexual, fallecido en 2019 mientras esperaba juicio. Ross, un multimillonario inversor nombrado por el expresidente Donald Trump en 2017, emitió un comunicado a través de su portavoz tratando de contextualizar la visita, que según él ocurrió "hace décadas" en un contexto "estrictamente social" y antes de que las acciones criminales de Epstein fueran ampliamente conocidas.

El contexto de esta revelación es crucial. La Isla Little St. James, ubicada en las Islas Vírgenes de EE.UU., ha sido descrita en documentos judiciales y testimonios como el epicentro de la red de abuso sexual y tráfico de menores orquestada por Jeffrey Epstein. Desde su muerte, una cascada de información, incluyendo la desclasificación de documentos judiciales y una investigación del *Miami Herald*, ha expuesto una extensa red de contactos que incluía desde príncipes reales y políticos de alto nivel hasta magnates de los negocios y académicos. La confirmación de Ross lo sitúa en una lista creciente de figuras públicas que han tenido que explicar su asociación con el financiero, un tema que sigue siendo una herida abierta en la política estadounidense.

Los datos relevantes sobre la visita son escasos en detalles específicos. El portavoz de Ross no proporcionó una fecha exacta, el propósito de la reunión o quiénes más estuvieron presentes, citando simplemente el paso del tiempo. Este vacío de información es característico de muchas declaraciones sobre Epstein, donde la vaguedad prevalece. Ross, de 86 años, fue una figura clave en la política comercial de la era Trump, supervisando aranceles agresivos y negociaciones con China. Su carrera en finanzas, que incluyó la dirección de fondos de inversión y la presidencia de bancos, lo puso en círculos donde Epstein, supuestamente operando como un gestor de fortunas para ultra-ricos, también se movía. La conexión, aunque no implica culpabilidad alguna por parte de Ross, inevitablemente plantea preguntas sobre la facilidad con la que Epstein se infiltró en los niveles más altos de la sociedad.

En cuanto a declaraciones, el portavoz de Ross fue enfático en la inocuidad del encuentro: "El secretario Ross recuerda haber visitado la isla de Epstein hace décadas en una ocasión, en un contexto estrictamente social. En ese momento, como la gran mayoría del público, no tenía conocimiento de los horribles crímenes por los que Epstein fue posteriormente condenado". Sin embargo, grupos de víctimas y observadores críticos han señalado que tales explicaciones son insuficientes. Lisa Bloom, abogada que representó a varias víctimas de Epstein, comentó en redes sociales: "Cada nueva confirmación de una visita a esa isla es un recordatorio de que Epstein diseñó meticulosamente su red para incluir a personas con poder e influencia. La pregunta para cada una de ellas es: ¿qué vieron, qué sabían y qué hicieron al respecto?".

El impacto de esta confirmación es multifacético. Políticamente, añade otra capa de controversia a la ya compleja herencia de la administración Trump, cuyos miembros, incluido el propio expresidente, han enfrentado preguntas sobre sus vínculos con Epstein. Para el Partido Republicano, puede convertirse en un punto de fricción en un año electoral, aunque Ross ya no ocupa un cargo oficial. Socialmente, refuerza la narrativa de impunidad y conexiones privilegiadas que permitieron a Epstein operar durante tanto tiempo. Jurídicamente, aunque es improbable que genere acciones directas contra Ross, alimenta la presión pública para una mayor transparencia y la desclasificación completa de todos los documentos relacionados con los asociados de Epstein.

En conclusión, la admisión de Wilbur Ross de haber visitado la infame isla de Epstein es un recordatorio sombrío de la larga y persistente sombra que el escándalo Epstein proyecta sobre la élite estadounidense. Mientras las víctimas continúan su búsqueda de justicia y rendición de cuentas, cada nueva revelación, por antigua que sea, sirve para mantener viva la demanda de respuestas completas. La historia subraya la necesidad crítica de un escrutinio continuo y de una reflexión sobre cómo individuos con antecedentes criminales pudieron acceder tan fácilmente a los corredores del poder, un tema que trasciende afiliaciones políticas y exige una mayor vigilancia institucional y ética en el futuro.

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