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El lado oscuro del 'boom' de OnlyFans: trabajadores por $2 la hora

Redactado por ReData11 de marzo de 2026
El lado oscuro del 'boom' de OnlyFans: trabajadores por $2 la hora

La explosión de OnlyFans como plataforma de contenido para adultos ha sido uno de los fenómenos digitales más comentados de los últimos años, prometiendo independencia financiera y empoderamiento para creadores. Sin embargo, un reportaje de investigación revela una realidad mucho más sombría y menos glamurosa: una economía oculta de trabajadores mal pagados, algunos ganando apenas $2 dólares por hora, que sostienen desde las sombras el funcionamiento de las cuentas de los creadores más exitosos. Estos trabajadores, a menudo contratados a través de plataformas de freelancing en países con menores costos de vida, realizan tareas esenciales como moderación de contenido, gestión de mensajes, programación de publicaciones y servicio al cliente, permitiendo a los 'influencers' principales enfocarse en la creación de contenido. La promesa de autonomía y altos ingresos que vende la plataforma se desmorona ante esta cadena de suministro globalizada y precarizada.

El modelo de negocio de OnlyFans, que facturó más de $5.5 mil millones en 2022, se basa en que los creadores retengan un 80% de los ingresos generados por suscripciones y propinas. No obstante, para mantener la relevancia y el engagement en un mercado hipercompetitivo, muchos creadores se ven obligados a externalizar tareas administrativas y de comunidad. Esto ha dado lugar a un mercado gris de 'agencies' y gestores que ofrecen estos servicios, a menudo explotando la disparidad económica entre países. Un trabajador en Filipinas o Venezuela, por ejemplo, puede considerar un pago de $200-$300 mensuales por 40 horas semanales como un ingreso viable, mientras que ese salario sería ilegal e insostenible en Norteamérica o Europa Occidental. La plataforma misma no regula estas relaciones laborales, argumentando que son acuerdos privados entre creadores y sus contratistas.

'Es icky (asco) y desgarrador', declaró una investigadora laboral entrevistada para el reportaje. 'Vemos a jóvenes, muchos de ellos con estudios superiores, realizando un trabajo emocionalmente exigente –moderando comentarios abusivos, gestionando solicitudes explícitas– por salarios de miseria, mientras la narrativa pública celebra la riqueza de unas pocas estrellas de la plataforma'. Los datos recopilados muestran que, para un creador de nivel medio que contrata este tipo de apoyo, el costo de externalización puede representar menos del 10% de sus ingresos brutos, pero constituye el 100% del sustento de su trabajador remoto, sin beneficios, seguridad social ni protección alguna. Esta dinámica replica patrones de explotación observados en otras industrias gig economy, pero con el añadido de la intimidad y la carga psicológica del contenido adulto.

El impacto de esta revelación es multifacético. En primer lugar, cuestiona la narrativa de empoderamiento y democratización que rodea a la economía de los creadores. En segundo lugar, expone las fallas de un modelo que externaliza el riesgo y los costos laborales a los individuos más vulnerables de la cadena. Finalmente, plantea preguntas urgentes sobre la regulación del trabajo digital transfronterizo y la responsabilidad de las plataformas tecnológicas. A medida que el Congreso de EE.UU. y parlamentos europeos debaten leyes para proteger a trabajadores de plataformas como Uber o Deliveroo, el caso de OnlyFans sugiere que la economía de los creadores necesita un escrutinio similar. La conclusión es clara: detrás del destello del 'boom' de OnlyFans existe una infraestructura humana frecuentemente invisible, mal pagada y sobreexplotada, recordándonos que los nuevos modelos digitales a menudo reciclan viejas injusticias.

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