En una revelación que arroja luz sobre la dinámica interna de la política exterior estadounidense hacia Irán, el enviado especial de Estados Unidos para Irán, Abram Witkoff, declaró que el expresidente Donald Trump expresó públicamente su perplejidad ante la resistencia de la República Islámica a ceder ante la presión de Washington. Según Witkoff, Trump, durante su mandato y en comentarios posteriores, se ha preguntado abiertamente por qué Irán no ha 'capitulado' ante la campaña de 'máxima presión' implementada por su administración, que incluía sanciones económicas devastadoras y el aislamiento diplomático. Estas declaraciones, reportadas en el contexto de una conferencia sobre seguridad, subrayan una brecha fundamental en la comprensión de la compleja realidad geopolítica iraní y su histórica resistencia a la coerción externa.
El contexto de esta observación se remonta a la decisión de la administración Trump en 2018 de retirarse unilateralmente del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), el acuerdo nuclear multilateral de 2015. Este movimiento fue seguido por la reimposición y el endurecimiento de sanciones económicas sin precedentes contra Teherán, con el objetivo declarado de obligar a Irán a negociar un nuevo acuerdo que abordara no solo su programa nuclear, sino también sus actividades de misiles balísticos y su influencia regional. La estrategia, bautizada como 'máxima presión', buscaba paralizar la economía iranía, principalmente apuntando a sus vitales exportaciones de petróleo y aislando al país del sistema financiero internacional. Los datos son elocuentes: las exportaciones de crudo de Irán cayeron de aproximadamente 2,5 millones de barriles por día en 2018 a menos de 500.000 en 2020, y su PIB se contrajo significativamente, generando una profunda crisis económica interna.
Sin embargo, lejos de capitular, la respuesta de Irán fue una política de 'máxima resistencia'. Teherán inició un alejamiento gradual pero constante de sus compromisos nucleares bajo el JCPOA, aumentando el enriquecimiento de uranio, acumulando reservas y desplegando centrifugadoras avanzadas. Además, Irán intensificó su postura asertiva en la región, apoyando a grupos aliados y, según acusaciones occidentales, perpetrando o respaldando ataques contra intereses comerciales y de seguridad. 'La expectativa de que la presión por sí sola produciría una capitulación total fue un error de cálculo estratégico', comentó un analista de Oriente Medio que solicitó el anonimato. 'Ignoró el profundo sentimiento de soberanía nacional y la capacidad del establishment iraní para absorber el dolor y externalizar los costos'. Witkoff, en sus declaraciones, no detalló el contexto exacto de la pregunta de Trump, pero su mera formulación refleja una visión de las relaciones internacionales basada en la transacción y la sumisión, que choca con la compleja historia y el orgullo nacional de un Estado como Irán.
El impacto de esta percepción y de la política que la inspiró es profundo y duradero. La región de Oriente Medio se ha vuelto más inestable, con un aumento de los incidentes de seguridad y una carrera de armamentos. Las conversaciones para revivir el JCPOA, iniciadas en 2021, han estado plagadas de desconfianza y puntos muertos, en parte porque Teherán insiste en garantías de que un futuro presidente de EE.UU. no repetirá la salida unilateral. La economía iraní, aunque golpeada, no colapsó, y el régimen consolidó su control interno. 'La presión máxima no logró sus objetivos políticos máximos', evaluó un informe reciente del Congreso de EE.UU. 'En cambio, empujó a Irán a adoptar una postura más agresiva'. La pregunta de Trump, por lo tanto, no es solo una curiosidad retórica; es un síntoma de un enfoque que subestimó la resiliencia de su adversario y sobrestimó el poder disuasivo de la coerción económica unilateral.
En conclusión, las declaraciones del enviado Witkoff sobre la perplejidad de Trump ante la no capitulación de Irán encapsulan un fracaso central de la política de 'máxima presión'. Revelan una desconexión entre las expectativas de la Casa Blanca de la época y la realidad sobre el terreno en Teherán, donde factores como el nacionalismo, la estructura teocrática del Estado y las alianzas regionales crearon una barrera formidable contra la sumisión. El legado de esta política es un impasse nuclear más peligroso, una región más volátil y un camino diplomático mucho más escarpado para la administración actual y las futuras. La lección, según expertos, es clara: los regímenes complejos y arraigados rara vez capitulan ante la presión externa; en su lugar, se adaptan, se endurecen y buscan formas alternativas de sobrevivir y desafiar.




