El presidente de Ucrania, Volodímir Zelensky, reveló en una reciente entrevista que Estados Unidos solicitó la asistencia de su país para desarrollar contramedidas contra los drones de fabricación iraní que han sido utilizados por grupos armados en Oriente Medio. Esta declaración, realizada durante una conversación con medios internacionales, destaca un giro significativo en la dinámica de cooperación militar global, posicionando a Ucrania no solo como un receptor de ayuda en su guerra contra Rusia, sino también como un proveedor de experiencia táctica y tecnológica en un área de creciente preocupación para Washington.
El contexto de esta solicitud se enmarca en el uso extensivo de drones Shahed-136, de origen iraní, por parte de las fuerzas rusas en el conflicto ucraniano. Desde el otoño de 2022, estos vehículos aéreos no tripulados (UAV) han sido desplegados en oleadas de ataques contra infraestructura crítica ucraniana, incluyendo plantas de energía y redes eléctricas. La Fuerza Aérea de Ucrania, junto con sistemas de defensa aérea occidentales como el IRIS-T, el NASAMS y los cañones Gepard, ha desarrollado una experiencia operativa única en la detección, seguimiento e interceptación de estas plataformas, que son relativamente baratas pero pueden causar daños considerables.
"Hemos acumulado un conocimiento invaluable sobre cómo contrarrestar estas amenazas específicas", declaró Zelensky, sin entrar en detalles operativos por razones de seguridad. "Cuando nuestros socios enfrentan desafíos similares, es natural compartir experiencias. Esta cooperación es bidireccional y fortalece nuestra seguridad colectiva". La revelación sugiere que el Pentágono busca aprovechar el conocimiento táctico adquirido en el campo de batalla europeo para proteger sus bases y aliados en regiones como Irak, Siria y el Golfo, donde milicias respaldadas por Irán han incrementado el uso de drones kamikaze y de vigilancia.
Analistas militares señalan que la efectividad de las defensas ucranianas contra los Shahed ha sido notable, con tasas de interceptación que han superado el 80% en algunos períodos, gracias a una combinación de radares modernizados, guerra electrónica y artillería antiaérea. Esta experiencia práctica es considerada un "banco de pruebas" único para las tácticas de guerra asimétrica del siglo XXI. "Ucrania se ha convertido en un laboratorio de contramedidas contra drones de bajo costo", explicó una fuente de defensa occidental bajo condición de anonimato. "Los datos sobre patrones de vuelo, frecuencias de comunicación y puntos débiles de estos sistemas son de un valor incalculable".
El impacto de esta colaboración trasciende lo militar, reflejando una evolución en las alianzas de seguridad. Tradicionalmente, el flujo de asistencia en materia de defensa ha sido predominantemente de Occidente hacia Ucrania. Este intercambio de conocimientos invierte temporalmente esa dinámica, elevando el estatus de Ucrania como un socio estratégico con competencias especializadas. Además, podría influir en la futura transferencia de tecnología y en la cooperación en inteligencia entre Kiev y Washington, solidificando una relación que se proyecta más allá de la guerra actual.
En conclusión, la admisión de Zelensky subraya un capítulo menos visible de la guerra: la exportación de experiencia bélica ucraniana. Mientras el país continúa defendiéndose de la invasión rusa, su habilidad para contribuir a la seguridad de un aliado como Estados Unidos demuestra su resiliencia y adaptabilidad. Este intercambio de conocimientos no solo fortalece las defensas occidentales contra amenazas iraníes, sino que también teje una red de cooperación más profunda y simbiótica, posicionando a Ucrania como un actor clave en el panorama de seguridad global del futuro.




