En un sorprendente giro de los acontecimientos que desafía las predicciones de analistas militares y políticos, el movimiento islamista Hamás está reafirmando su control administrativo y de seguridad sobre partes significativas de la Franja de Gaza, a pesar de haber sufrido pérdidas humanas y materiales devastadoras durante más de ocho meses de intensos combates con las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Esta resiliencia organizativa plantea profundas preguntas sobre la estrategia israelí de desmantelar al grupo y sobre el futuro inmediato del territorio palestino, sumido en una crisis humanitaria sin precedentes.
La ofensiva militar israelí, lanzada en respuesta a los mortíferos ataques del 7 de octubre de 2023 perpetrados por Hamás, tenía como objetivos declarados la liberación de los rehenes y la desmilitarización y desmantelamiento del grupo, considerado una organización terrorista por Israel, Estados Unidos y la Unión Europea. Las FDI han llevado a cabo operaciones aéreas y terrestres masivas, afirmando haber eliminado a miles de combatientes de Hamás, incluidos comandantes de alto rango, y haber destruido o dañado gravemente una extensa red de túneles subterráneos, conocida como la "Metro de Gaza". Sin embargo, informes procedentes del terreno y análisis de inteligencia indican que la estructura de mando de Hamás, aunque debilitada, sigue operativa.
La reafirmación del control se manifiesta en varias áreas clave. En zonas del norte y centro de Gaza, donde las FDI redujeron significativamente sus operaciones de combate intensivo, se han reportado reaparecimientos de policías y funcionarios civiles afiliados a la administración de Hamás, encargados de mantener un mínimo de orden público, distribuir ayuda escasa y recaudar impuestos. Este resurgimiento de la autoridad gubernamental, aunque limitada, contrasta con el vacío de poder y el caos que Israel esperaba crear. La profunda red social y de caridad del movimiento, construida durante décadas, parece estar jugando un papel crucial en esta fase, proporcionando una red de seguridad básica a una población desesperada.
Expertos en seguridad subrayan que la naturaleza de Hamás como movimiento socio-político-religioso, y no solo como milicia, es fundamental para entender su resiliencia. "Hamás no es solo un ejército; es un sistema de gobierno, una ideología y una extensa red de servicios sociales", explica el analista de Oriente Medio, Dr. Yossi Mekelberg. "Mientras mantenga el apoyo o la aquiescencia de una parte significativa de la población gazatí, que sufre las consecuencias de la guerra, será extremadamente difícil erradicar su influencia por medios puramente militares". Esta evaluación sugiere que la campaña israelí, a pesar de su poderío abrumador, puede haber subestimado la capacidad del grupo para adaptarse y reconstituirse en las sombras.
El impacto de esta situación es multidimensional y profundamente preocupante. Para Israel, representa un posible fracaso estratégico que podría dejar a Hamás con la capacidad de reorganizarse y representar una amenaza futura, poniendo en duda la narrativa oficial de "victoria total". Para la población civil de Gaza, atrapada en medio de la violencia, la reaparición de alguna estructura de autoridad podría traer una frágil estabilidad, pero también consolida el control del mismo grupo cuyo accionar desencadenó la devastadora respuesta israelí. Para los esfuerzos diplomáticos, liderados por Egipto, Qatar y Estados Unidos, la fortaleza continua de Hamás complica cualquier plan viable para un "día después", ya que el grupo se resistirá ferozmente a ser excluido de la futura gobernanza de Gaza.
En conclusión, la guerra en Gaza ha entrado en una fase crítica y paradójica. Aunque Hamás ha sido militarmente diezmado, su capacidad para reafirmar su presencia administrativa en medio de la ruina sugiere que la victoria en el campo de batalla no se traduce automáticamente en una victoria política o de seguridad a largo plazo. El futuro del territorio parece condenado a continuar en un limbo de destrucción y conflicto latente, a menos que se logre un acuerdo político integral que aborde las causas profundas del enfrentamiento y establezca una autoridad palestina legítima y unificada capaz de gobernar Gaza y reconstruirla.




